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Cuando un libro se volvió persona y la biblioteca comenzó a sonar a Cartagena.

septiembre 14, 2026

Una biblioteca humana, un cuento infantil y dos generaciones de estudiantes se encontraron para conversar sobre picós, champeta, memoria y ciudad en la Institución Educativa Nuestra Señora del Carmen.

Cartagena de Indias, septiembre de 2026.

¿Qué pasaría si un día llegáramos a la biblioteca y, en lugar de sacar un libro de un estante, pudiéramos abrir una conversación con una persona que lleva toda una biblioteca en la memoria?

Eso fue precisamente lo que ocurrió el pasado jueves 10 de septiembre en la Institución Educativa Nuestra Señora del Carmen de Cartagena de Indias. Allí, estudiantes de séptimo y décimo grado tuvieron un encuentro con Rubén Darío Álvarez Pacheco, periodista, gestor cultural, escritor y activista afrocartagenero, quien llegó a la biblioteca escolar no solamente como invitado, sino como una biblioteca humana dispuesta a ser leída, escuchada y preguntada.

La actividad hizo parte de “Aprendiendo leyendo, escribiendo, hablando y comunicando”, propuesta de enseñanza-aprendizaje del Castellano liderada por el docente Carlos Díaz Acevedo, que busca promover la lectura, la escritura, la oralidad y la comunicación como prácticas socioculturales, derechos humanos y herramientas para el desarrollo a escala humana, la formación integral y la participación ciudadana.

Un libro llamado Rubén Darío.

Rubén Darío Álvarez Pacheco tiene algo que los libros tradicionales no tienen: puede responder cuando el lector le hace una pregunta.

Durante aproximadamente una hora, la conversación pasó por su trayectoria, por El picó de Nicolás, por El Rey de Rocha, por la cultura picotera, la cultura champetúa y, naturalmente, por esa Cartagena que se cuenta, se baila, se escucha y también se recuerda a través de su música.

Álvarez Pacheco es además uno de los realizadores de los programas radiales “Música del patio” y “Son de máquina, el engranaje de la salsa”, transmitidos por UDC Radio de la Universidad de Cartagena, y autor de diversas publicaciones, entre ellas Noticias de un poco de gente que nadie conoce, Crónicas de la región más invisible, La fuga del esplendor: conversación con la música cartagenera de los años 80, Chela Ceballos, la musa que no se rindió y el cuento infantil El picó de Nicolás.

De la lectura del cuento a la conversación con su autor.

El encuentro tuvo un ingrediente especial.

Los y las estudiantes de 7-03 se encuentran leyendo precisamente El picó de Nicolás, la historia del niño que sueña con convertirse en picotero. De pronto, el personaje que hasta entonces existía entre páginas, imaginación y palabras encontró una conexión directa con la persona que escribió su historia.

Los estudiantes de 10-07 también participaron del encuentro, aprovechando la presencia de un invitado cuya vida profesional y experiencias acumuladas lo convierten en mucho más que un escritor: una biblioteca humana.

Así, leer dejó de ser solamente una actividad frente a una página. Leer también fue conversar, preguntar, escuchar y reconocer la ciudad.

Cuando la biblioteca comenzó a sonar.

La biblioteca escolar adquirió por un momento otros sonidos. Sonaron las historias del picó, las voces de los y las estudiantes, las preguntas sobre la champeta y la cultura cartagenera, los recuerdos de una ciudad cuya memoria también habita en sus músicas, sus barrios, sus personajes y sus formas de narrarse.

La experiencia permitió poner en diálogo la cultura escrita y la cultura picotera, la cultura champetúa y la cultura cartagenera, con las culturas de las infancias, las juventudes y los derechos humanos.

La conversación estuvo orientada por los interrogantes del estudiantado y por las preguntas de Carlos Díaz Acevedo, docente investigador que hace parte de la iniciativa ciudadana “Por una Cartagena un metro diez, una ciudad a la altura de los niños, las niñas y nuestros derechos humanos”.

Una biblioteca para encontrarnos.

La experiencia también reafirma una idea fundamental: una biblioteca escolar puede ser mucho más que un lugar para guardar libros. Puede ser un lugar para encontrarnos con quienes saben, con quienes cuentan, con quienes crean y con quienes tienen algo que decir sobre nuestra ciudad.

En esta ocasión, la biblioteca escolar abrió sus puertas a una biblioteca humana. Y Rubén Darío Álvarez Pacheco puso su memoria, sus conocimientos y sus experiencias al alcance —o mejor, a la altura— de los niños, las niñas y los jóvenes.  Porque quizá una de las mejores maneras de construir ciudadanía consiste precisamente en eso: crear espacios donde las distintas generaciones puedan escucharse y reconocerse. Y porque Cartagena no solamente está escrita en sus libros. También está escrita en sus calles, sus barrios, sus músicas, sus picós, sus voces y en la memoria de quienes la han vivido y contado.

En la Asociación Narrarte creemos que cada encuentro puede convertirse en una historia, cada historia puede convertirse en memoria y cada memoria puede ayudarnos a imaginar otra ciudad.

Esta vez, la historia comenzó en una biblioteca, pero cuando Rubén Darío abrió la suya, la biblioteca entera comenzó a sonar a Cartagena.

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