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De la altura de un metro diez al liderazgo adulto. Luiyer Mendivil y la cátedra ciudadana que exige planificar Cartagena desde la niñez y la humanidad.

octubre 24, 2026

En el marco de la evaluación decenal del proceso de transformación urbana e infancia en Cartagena, se ha destacado la trayectoria de Luiyer de Jesús Mendivil Patrón, quien a sus 21 años representa el paso transformador de haber sido uno de los primeros niños voceros de la iniciativa «Por una Cartagena un metro diez» a convertirse en un líder juvenil reflexivo y crítico sobre el desarrollo de su ciudad.

Luiyer, quien actualmente trabaja como agente de atención en el aeropuerto y cursa estudios en la Universidad de Cartagena, ha completado más de diez años de vinculación activa como participante y colaborador de la Asociación Narrarte. Su testimonio constituye una pieza central de la investigación doctoral desarrollada por Carlos Díaz Acevedo en la Universidad de Cartagena, al evidenciar cómo la formación cívica en la infancia genera liderazgos permanentes capaces de cuestionar la planificación urbana tradicional.

De los talleres en La Popa a los estrados del Concejo Distrital

Hace una década, cuando tenía 10 años, Luiyer integró el grupo de niños de barrios populares aledaños al Cerro de La Popa (Canapote, San Pedro, Los Comuneros, Santa Rita y Pablo VI) que se reunían los fines de semana para construir la propuesta Cartagena un metro diez. El concepto de situar la ciudad a la altura de un metro diez —la altura promedio de un niño de siete años— buscaba otorgar a la niñez el estatus de participantes activos en la planeación de su entorno.

A través de caminatas, exposiciones, intercambios con facilitadores internacionales y jornadas artísticas, el colectivo logró llevar la voz infantil hasta los salones universitarios y las sesiones del Concejo Distrital de Cartagena en múltiples ocasiones. Sin embargo, Mendivil señala que la falta de continuidad institucional y la rotación de actores políticos han obstaculizado la consolidación del potencial transformador de estas agendas públicas.

Diagnóstico urbano: La crítica a «una ciudad que se dio»

Desde su perspectiva adulta, Luiyer analiza con rigor las fisuras del Plan de Ordenamiento Territorial (POT), caracterizando a Cartagena como «una ciudad que se dio» por crecimiento espontáneo y desordenado. En su diagnóstico, denuncia que las calles no están diseñadas para los peatones ni para los niños, que la inseguridad urbana persiste como un problema estructural y que la movilidad es inequitativa.

Al respecto, cuestiona cómo la falta de transporte eficiente obliga a madres trabajadoras de sectores periféricos como Ciudad Bicentenario a perder hasta dos horas diarias desplazándose hacia Crespo o el Centro, deteriorando su calidad de vida y reduciendo el tiempo de convivencia familiar. Asimismo, argumenta que la administración pública suele priorizar proyectos en cemento que generan rentabilidad económica inmediata por encima de la inversión social y humana, planteando la premisa: «¿De qué sirve tener una ciudad bonita si nadie quiere vivir en ella?».

Propuestas para una «Ciudad un metro diez» y el uso cívico de la tecnología

Luiyer redefine el concepto de Smart City proponiendo una «Ciudad 10» estructurada sobre tres derechos fundamentales: educación, salud y recreación. Su modelo de ciudad exige:

  • Salud digna: La eliminación de las filas de hasta cuatro horas para reclamar medicamentos.
  • Tecnología cívica: El aprovechamiento de la tecnología y la Inteligencia Artificial (IA) no solo como consumo, sino como herramientas para la seguridad ciudadana, la investigación escolar y el desarrollo científico.
  • Educación emocional y paz: La erradicación de los ciclos de violencia mediante el apoyo psicológico, la resolución pacífica de conflictos y la reducción de las brechas de género que vulneran a niñas y mujeres.

Relevo generacional y mensaje a la infancia

El testimonio de Luiyer adquiere una dimensión entrañable al conectarse con el liderazgo actual de su hermana Ellie del Mar (8 años), quien hoy participa en los mismos espacios comunitarios de Narrarte. Dirigiéndose a las nuevas generaciones, Mendivil aconseja a las niñas y niños disfrutar de sus espacios, cuidarse mutuamente, hacer todas las preguntas necesarias y «no tragar entero» frente a las realidades de su entorno.

Desde su rol a los 21 años, asume el compromiso de liderar mediante el buen ejemplo, rechazando la violencia, promoviendo el estudio y el emprendimiento, y demostrando que la transformación social comienza por la formación ética de cada ciudadano.

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