Estudiantes de la Licenciatura en Educación Infantil de la Fundación Universitaria Los Libertadores se acercaron al territorio, a sus familias y, especialmente, a los niños y las niñas de esta comunidad cartagenera.
Cartagena de Indias, 20 de septiembre de 2026.
Hay territorios que no se comprenden desde un salón de clases. Hay lugares que necesitan ser caminados, escuchados, conversados y, sobre todo, habitados con respeto antes de intentar enseñar en ellos.
Eso fue precisamente lo que ocurrió el sábado 19 de septiembre, entre las 8:30 y las 11:30 de la mañana, cuando estudiantes de la Licenciatura en Educación Infantil de la Fundación Universitaria Los Libertadores, sede Cartagena, recorrieron los alrededores del Cerro de La Popa, la comunidad de Bendición de Dios, ubicada en la cima del cerro, y parte del bosque seco tropical que constituye uno de los principales referentes naturales y paisajísticos de la ciudad.
La visita hizo parte de la asignatura “Praxis Escenarios Familiares y Comunitarios”, un espacio académico de octavo semestre dentro del plan de estudios de la Licenciatura. Pero esta vez la universidad salió del aula para encontrarse con otro salón, el territorio.
El recorrido tuvo como propósito preparar a las futuras licenciadas para el inicio de sus prácticas pedagógicas en la comunidad de Bendición de Dios, mediante una aproximación inicial al territorio, sus dinámicas, sus habitantes y sus experiencias comunitarias.
La jornada permitió la exploración y el reconocimiento de un espacio que, más que un escenario físico para desarrollar una práctica académica, constituye un territorio cargado de historias, relaciones, aprendizajes, desafíos y posibilidades educativas.
En ese camino y recorrido, uno de los encuentros centrales fue con niños y niñas de la comunidad, quienes hacen parte del semillero infantil “Benpro: Bienestar y Prosperidad” y participan en procesos comunitarios que han permitido construir un plan de vida barrial infantil y un medio de comunicación audiovisual propio: “La Popa Magazín”.
Así, las estudiantes no llegaron solamente a conocer dónde realizarán sus prácticas. Llegaron a conocer quiénes viven allí, qué sueñan, qué cuentan y qué tienen para enseñarles también a ellas.
La experiencia de Bendición de Dios se encuentra vinculada a un proceso ciudadano más amplio llamado “Por una Cartagena un metro diez, una ciudad a la altura de los niños, las niñas y nuestros derechos humanos”, una iniciativa que desde el año 2016 promueve la participación y el reconocimiento de las voces de niños, niñas y adolescentes en territorios comprendidos entre el Cerro de La Popa y el caño Juan Angola.
En este proceso participan organizaciones sociales como Funsarep y la Asociación Narrarte, organización que ejerce la Secretaría Técnica de “Cartagena Mía, Mesa de Infancia y Adolescencia”, y que además está al frente del convenio que hará posible el desarrollo de las prácticas pedagógicas en Bendición de Dios.
A este entramado comunitario y universitario se suma el trabajo de estudiantes del programa de Comunicación Social de la Universidad de Cartagena, organizados en el colectivo universitario Karmairí, quienes han acompañado a los niños y niñas en sus procesos de comunicación audiovisual.
De esta manera, Benpro y La Popa Magazín se convierten en experiencias donde las infancias no aparecen únicamente como destinatarias de proyectos educativos y comunicativos, sino como protagonistas, narradoras y productoras de conocimientos sobre su propio territorio.
La visita estuvo acompañada por la docente Katia González, de la Fundación Universitaria Los Libertadores, y por el docente investigador Carlos Díaz Acevedo, vinculado a la iniciativa “Por una Cartagena un metro diez”, quien orientó el recorrido y propició una lectura educativa y comunicativa del territorio.
La caminata permitió aproximarse a La Popa desde una perspectiva diferente, la observación de sus caminos, el reconocimiento de sus espacios, la conversación con sus habitantes y el descubrimiento del potencial pedagógico de un territorio que puede convertirse en escenario de aprendizaje.
La propia formación de la Licenciatura plantea la importancia de preparar profesionales capaces de desarrollar proyectos y estrategias educativas para la población infantil y su entorno familiar y social, así como de promover el aprendizaje significativo, la autonomía, la convivencia y la pluralidad. Y justamente allí, en la cima de La Popa, esas palabras comenzaron a adquirir rostro, voz y territorio.
Durante aproximadamente dos meses, las estudiantes desarrollarán sus prácticas pedagógicas en Bendición de Dios. Será una oportunidad para poner en diálogo sus aprendizajes universitarios con los saberes comunitarios y para construir experiencias pedagógicas desde las realidades concretas de los niños, las niñas y sus familias.
La Licenciatura señala entre sus propósitos la formación de profesionales comprometidos con el desarrollo integral y el bienestar de la infancia, así como con una educación inclusiva y la atención a población infantil vulnerable. También contempla opciones de prácticas en sectores comunitarios y otros escenarios diversos.
En Bendición de Dios, esos propósitos encuentran un escenario concreto para hacerse experiencia. Porque una práctica pedagógica no comienza necesariamente cuando una estudiante abre su cuaderno de planeación. Puede comenzar mucho antes cuando decide caminar el barrio, mirar con atención, escuchar a una familia, conversar con un niño o una niña, reconocer una historia o descubrir que el territorio también educa.
Y quizá esa sea una de las grandes lecciones de este primer recorrido: para estar a la altura de los derechos de los niños y las niñas, primero hay que ponerse a su altura, a un metro diez.
Desde allí, la escuela puede mirar de otra manera, la universidad puede aprender de otra manera, la comunidad puede enseñar de otra manera, y La Popa, mientras tanto, puede seguir contando sus historias, porque antes de enseñar un territorio, hay que aprender a caminarlo.
