Literatura, estrellas, cine, radio, juego y creación se encontraron en una experiencia de participación infantil inspirada en el universo de El Principito.
Cartagena de Indias, septiembre de 2026.
Una noche diferente se dio el día 26 de septiembre. El Principito dejó por un momento su pequeño planeta para emprender un viaje imaginario hasta Cartagena de Indias y encontrarse con un grupo de niñas dispuestas a responder una pregunta que parece sencilla, pero que puede abrir universos enteros: ¿Cómo sería un planeta pensado desde los ojos de los niños y las niñas?
Con esta pregunta como punto de partida se desarrolló “El Principito bajo las estrellas: Laboratorio para imaginar un planeta a la altura de los niños y las niñas”, una experiencia de cuatro horas que combinó literatura, juego, astronomía, convivencia, comunicación, arte y participación infantil. La actividad estuvo concebida para los niños y niñas de Comunicarte y del Club de Lectura de Narrarte, y tuvo como escenario el patio de Funsarep a donde solo pudieron llegar las niñas.
La propuesta tomó como inspiración la obra El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, pero no pretendió quedarse únicamente en la lectura del libro. La historia fue el punto de partida para que las participantes pudieran mirar su barrio, su ciudad y sus propios mundos desde otra perspectiva, expresar lo que necesitan, imaginar nuevos espacios y convertir sus ideas en prototipos.
Porque, en esta aventura, los adultos no llegaron con todas las respuestas. Su tarea fue, sobre todo, preguntar, escuchar, registrar, facilitar y acompañar. El verdadero resultado de la experiencia fue aquello que las niñas lograran imaginar cuando se les brinda la oportunidad de diseñar desde sus propias miradas.
Una noche para viajar sin despegar los pies de Cartagena de Indias.
A partir de la lectura de la dedicatoria y de fragmentos seleccionados de la obra, las niñas conversaron sobre aquello que los adultos no siempre alcanzan a ver: sus necesidades, sus sueños, sus barrios, sus preocupaciones y también sus posibilidades.
Después llegó el momento de armar el campamento. Carpas, linternas y elementos decorativos se convirtieron en materiales para comenzar a imaginar el campamento que sueñan las niñas: un espacio donde puedan jugar, descansar, conversar, sentirse seguras, comer y mirar las estrellas.
Cine bajo las estrellas y un viaje por el universo.
La aventura continuó con un espacio de cine bajo las estrellas, en el que se proyectó la primera parte de la película El Principito. La película fue otra puerta para conversar sobre la amistad, el cuidado, los vínculos y aquello que puede cambiar cuando conocemos a otra persona.
Después, la mirada viajaría todavía más lejos. Un telescopio permitió que las participantes observaran el cielo y se acercaran al universo
Cuando imaginar se convierte en prototipo.
Durante los distintos momentos las participantes imaginaron un “Planetario un metro diez o a la altura de los niños y las niñas”: ¿cómo sería?, ¿qué podrían tocar?, ¿qué podrían escuchar?, ¿cómo aprenderían jugando?, ¿qué historias contaría sobre Cartagena? De igual forma hablaron acerca de la propuesta de un “Campamento un metro diez o a la altura de los niños y las niñas”, imaginando dónde dormirían, jugarían, comerían, escucharían historias y mirarían las estrellas, así como las reglas que ellas mismos construirían para cuidarse.
CARTAGENA UN METRO DIEZ. Una ciudad a la altura de los niños y las niñas.
Así, “El Principito bajo las estrellas” no fue solamente una actividad literaria, una noche de campamento, una observación astronómica o un laboratorio creativo. Fue una oportunidad para que las niñas pudieran mirar, preguntar, imaginar, crear y descubrir aquello que muchas veces los adultos dejan de ver. Y quizá esa sea la verdadera misión de El Principito en Cartagena de Indias: recordarnos que una ciudad también puede comenzar a transformarse cuando se decide mirarla desde un metro diez.
