Por: Mayra González Fernández, estudiante del Programa de Comunicación social de la Universidad de Cartagena.
Cartagena, ciudad vibrante, turística, llena de historia, hermosos paisajes y cultura que cautiva a propios y a cualquiera que la visite es la que muchos conocen. Pero, ¿qué ocurre cuando la miramos desde otra perspectiva? Cuando vemos la otra Cartagena desde la desigualdad y a una altura promedio de un metro diez, la de los niños, niñas y adolescentes que forman parte esencial de su presente y futuro.
Es por ello que resulta importante pensar cómo nuestra ciudad, hermosa, desigual e insegura, podemos transformala en un espacio pensado para las niñas, niños y adolescentes; en un espacio seguro, íntegro, inclusivo y con oportunidades para su desarrollo.
Pensar en una «Cartagena de un metro diez de altura», implica preguntarnos si realmente estamos construyendo un entorno que responde a las necesidades, derechos, sueños de la infancia y la adolescencia. Es un llamado a descolonizar nuestras escuelas, transformar la pedagogía, implementar la etnoeducación, incluir políticas y espacios públicos en escenarios donde ellos puedan crecer, jugar, aprender y principalmente, educar desde la empatía, reconocer el contexto social de la niñez y adolescencia cartagenera.
Promover una Cartagena a la altura de la niñez, no solo implica rediseñar espacios físicos, sino también reconfigurar nuestras prioridades como sociedad y también a sus dirigentes políticos. Es entender que cada espacio, cada parque y cada escuela deben ser reflejo de un compromiso real con la niñez y la adolescencia. Esto significa crear entornos donde la diversidad sea celebrada, la voz de los más pequeños sea escuchada y sus derechos sean defendidos.
Asimismo, se requiere fomentar una participación activa de las comunidades, integrando a las familias, educadores y líderes sociales en la construcción de políticas públicas que garanticen igualdad de oportunidades. Solo así lograremos que cada rincón de Cartagena sea un espacio donde la infancia pueda soñar sin límites y construir un futuro más justo y esperanzador.
Por fortuna, existe una asociación que comprende lo importante que es la niñez y por supuesto la adolescencia para el Distrito de Cartagena. Esta asociación se llama Narrarte, es allí donde surge este proyecto de construir una ciudad que respete y proteja los valores de aquellos que tienen una altura promedio de un metro diez.
La asociación Narrarte, ubicada en el barrio Torices, cerca del mercado de Santa Rita, fomenta el cuidado de la vida con calidad a través de la lúdica, la escritura y el arte. Su labor se centra en construir discursos de paz entre familias, comunidades, darle voz a estos niños y niñas que han sido a lo largo de los años reprimidos y reprimidas, ni tenidos en cuenta por una sociedad como la de Cartagena, esto a través de la implementación de una pedagogía social diseñada específicamente para niños, niñas y adolescentes.
Sin embargo, Narrarte no cuenta con un sostenimiento y apoyo por parte del Distrito, lo que la convierte en una asociación con autofinanciamiento, lo cual puede ser un problema a corto y largo plazo para el funcionamiento de la misma y el desarrollo de los niños y niñas con quienes trabaja.
En una visita hacia la asociación, tuve la oportunidad de conversar con Yenifer Patrón, psicóloga, fundadora y representante legal de la organización. Ella compartió los grandes desafíos que enfrentan y su lucha constante por trabajar a favor de la niñez cartagenera. En sus palabras, este esfuerzo debería convertirse en una causa colectiva que involucre al gobierno, a los ciudadanos y a todos los sectores de la sociedad.
Es por eso que considero que, solo cuando Cartagena esté verdaderamente a la altura de las necesidades de los niños, niñas y adolescentes, podremos afirmar que estamos cumpliendo con nuestra responsabilidad como sociedad.